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HISTORIA DE FITERO
Las primeras
noticias de asentamientos humanos en el actual término
de la Villa de Fitero datan de la Edad de Hierro,
en el lugar de la Peña del Saco. de época
romana quedan vestigios en la Peña de Fitero
y la Morería. La historia de Fitero hasta
el siglo XIX ha estado íntimamente ligada
a la del Monasterio que lleva su nombre, que estuvo,
fundado antes de 1140, en la iglesia de Santa María
de Yerga con monjes venidos del Monasterio francés
de Scala Dei, bajo protección del rey castellano
Alfonso VII. Para 1141 los monjes se trasladaron
a Niencebas, siendo abad San Raimundo de Fitero,
fundador de la Orden Militar de Calatrava y verdadero
consolidador del cenobio. En 1152, la comunidad
se trasladó definitivamente a su actual ubicación,
llegando a obtener un rico patrimonio y el castillo
de Tudején, sin que faltasen los favores
reales y pontificios. Gracias a todo ello, entre
fines del siglo XII y la primera mitad del siglo
siguiente construyeron el impresionante conjunto
monacal.

La influencia
navarra en el Monasterio se inició a comienzos
del siglo XIV, abriéndose una larga disputa
con Castilla por su posesión, que finalizó
con una sentencia del cardenal Guido de Bolonia,
en 1373, por la que Fitero y Tudején se incorporaron
definitivamente a Navarra. Tras un siglo de crisis,
en 1482, el abad don Miguel de Peralta fomentó
la creación del actual pueblo de Fitero por
motivos de seguridad para el Monasterio. La organización
de la vida civil y religiosa se fue plasmando en
ordenanzas municipales, censales y cofradías.
El abad y los monjes se fueron haciendo con la jurisdicción
baja y mediana y espiritual durante el siglo XVI,
e incluso con la criminal en el XVII, con lo que
Fitero y sus moradores estuvieron en régimen
de señorío.
Los siglos del
Antiguo Régimen fueron de luchas y enfrentamientos
entre la villa y sus señores hasta que, tras
la expulsión de éstos en 1836, la
villa consiguió definitivamente su emancipación.
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