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MANSIONES ROMANAS

Las mansiones romanas y los orígenes de la villa de Fitero

Hace casi dos siglos que ya no hay monjes cistercienses en Fitero y, sin embargo, su huella todavía es palpable en esta villa en la que los restos de su imperial monasterio aún son una de sus principales referencias culturales o signos de identidad, tanto para los propios del lugar como para sus visitantes.
No en vano, el origen de esta villa es relativamente reciente y fruto de la necesidad que tuvo el abad del monasterio de Fitero, Miguel de Peralta, de asentar una nueva población en 1482 que le ayudase a salir de la precaria situación ocasionada por las miserias propias de la guerra civil que durante casi medio siglo asoló y dividió a los navarros entre agramonteses y beamonteses.

Fitero: Repoblación de la villa de Tudején
Ésta no fue la primera vez pero sí la última que el monasterio de Fitero había intentado hacer uso del privilegio que tenía para repoblar el castro de Tudején que, en 1157, le había donado Alfonso VII el emperador, uno de sus principales patrocinadores y uno de los tres artífices que junto con el obispo diocesano de Calahorra, Sancho de Funes, y su primer abad, san Raimundo, habían fundado el primer monasterio cisterciense de la península ibérica, en 1140, con una comunidad monástica procedente del otro lado de los Pirineos, del monasterio de l’Escaladieu situado en el condado de Bigorre.

En esta ocasión, el monasterio tuvo más éxito que en los cuatro intentos anteriores de 1222, 1266, 1305 y 1315, gracias a que tomó la decisión de llevar a cabo la repoblación de la villa de Tudején no en su lugar original, a pie del monte en el que se encontraba su castillo, frente al balneario de Fitero, entonces conocido como baños de Tudején, sino en las inmediaciones de su propio monasterio. Esto es, en los extramuros de la segunda y definitiva iglesia del monasterio de Fitero, consagrada en 1247, junto a la que todavía
se encuentra el barrio medieval del Cortijo que también formaba parte del recinto amurallado, realizado en 1287, y en el que entonces residían los seglares dependientes del monasterio.

De modo que resulta natural que al hablar del origen de la villa de Fitero se haga referencia a los orígenes del monasterio que le dio su nombre, cuyo significado etimológico e histórico es estrictamente medieval y se corresponde con el de hito, muga o frontera que, precisamente, estableció Alfonso VII con la implantación de este monasterio castellano para ayudar a la gestión de las nuevas fronteras que entonces se estaban definiendo tras la escisión de los vecinos reinos de Pamplona y Aragón. De hecho, la primera instalación temporal del monasterio se realizó a los pies del fronterizo monte Yerga, en las cercanías de la ya entonces despoblada villa de Niencebas –actual término de Bienzobas sito en La Cañada de Alfaro, La Rioja– cuyos términos junto con los de la villa de Tudején dieron lugar en 1168 a definir el coto redondo del monasterio de Fitero del que surgió el actual término municipal de la villa de Fitero que sigue siendo limítrofe o fronterizo entre las comunidades autónomas de Navarra, Aragón, La Rioja y casi también con Castilla y León.

Frontera en la que durante mucho tiempo destacó el fronterizo castillo de Tudején que jugó un papel estratégico relevante hasta que fue destruido como consecuencia de la orden dada por el cardenal Cisneros, en 1516, poco después de que fuese definitiva la anexión del reino de Navarra a la corona de Castilla. Acontecimiento éste que forzó el regreso del monasterio de Fitero a su reino de origen, del que había dejado de formar parte en 1374, tras ejecutarse la injusta sentencia dictada el año anterior por el legado pontificio, el cardenal Guy de Boulogne, por la que dicho monasterio y su castillo de Tudején se incorporaron a Navarra dando fin a las disputas que durante más de dos siglos asolaron la frontera de los tres reinos que pivotaba sobre el monasterio de Fitero: Castilla, Navarra y Aragón.
Tudején y Ormiñén: dos mansiones de origen romano en Fitero

El origen del topónimo Tudején hay que buscarlo en el imperio romano que, como ya propuso Ramón Menéndez Pidal, en su Toponimia Prerrománica Hispánica de 1952, es una degeneración medieval de Tutellen cuya etimología latina procede del nombre personal Tutelius, siendo el sufijo –en el que le da el significado de “propiedad de Tutelius”. Así pues, los orígenes de la villa de Fitero y de sus baños están ligados al de su actual término de Tudején, como ya publicamos en este diario en agosto de 1982, al dar cuenta de la aparición de los restos arqueológicos de sus famosas termas romanas durante el proceso de remodelación del balneario Virrey Palafox.
Sin embargo, el actual término de Fitero no se corresponde únicamente con el que debió pertenecer a la mansión romana de Tutelius sino que también incluye las propiedades de otro ciudadano romano cuyo nombre también dejó su impronta en la toponimia fiterana:
Oriminius. Así encontramos en Fitero el término correspondiente a la dehesa de Ormiñén en la que se encuentra el actual polígono industrial, limítrofe con Cintruénigo.

De modo que se podría aventurar que desde Baños de Fitero hasta la propia localidad de Fitero, en su día, era la propiedad de Tutelius y que desde ahí, por la actual dehesa de Ormiñén, hasta la antigua estación de ferrocarril de Fitero, debió pertenecer a Orminius.

A diferencia de la población de Tudején, que pervivió durante la dominación visigoda y musulmana, como lo acreditan los yacimientos arqueológicos y el documento de intercambio de su castillo por el cristiano de Caparroso, datado en mayo de 1073, entre el rey de la taifa de Zaragoza y el de Nájera y Pamplona, respectivamente, parece que el asentamiento de Ormiñén no lo hizo así o al menos no hay constancia documental de ello. A pesar de que este topónimo ha llegado a nuestros días y de ser, precisamente, el término que los cistercienses de Fitero destinaron al uso privado de los nuevos pobladores que formaron la villa de Fitero para que roturasen sus montes y cultivasen sus propios viñedos como su fuente de ingresos privada. Convirtiéndose así en signo de identidad de los nuevos fiteranos que, en 1653, en un momento de sublevación contra su señor feudal, incluso enarbolaron una bandera en la que plasmaron un escudo con seis cuarteles en los que representaron parras y matas de romero, cultivos característicos del término de Ormiñén, rlándolos con una leyenda que decía: “Ormiñén propio de la villa de Fitero”.

Sin embargo, la villa de Fitero no hizo uso de ningún tipo de escudo propio hasta el último cuarto del siglo XIX, momento en el que se simplificó el citado escudo quedando reducido a sólo dos cuarteles, representando en el superior una mata de romero y en el inferior una parra. Siendo en la década de los cuarenta del siglo XX cuando se le añadió al escudo la emblemática cruz de Calatrava, para resaltar que el monasterio de Fitero es la cuna de la Orden Militar de Calatrava, y cuando, por confusión estética, se reemplazó el la mata del romero por un olivo. Error éste que fue reparado en la década de los ochenta, adoptando como modelo el que figura en las vidrieras del palacio foral de Pamplona desde 1861. De modo que tanto Tudején, con las ruinas de su castillo y sus famosos baños, como los cultivos de Orminén siguen aún presentes en Fitero.

Destacando además que, en las inmediaciones de lo que debió ser Ormiñén,
precisamente en frente del yacimiento celta de Pañetero –Peña de Fitero- que en la otra orilla del Alhama está excavando el arqueólogo fiterano y profesor de la universidad de Zaragoza, Dr. Manuel Medrano, es donde hace un par de años éste ubicó el campamento romano e indígena de Sertorio y a quien, entonces, le pareció muy consistente la hipótesis aquí presentada de que, posteriormente a la guerra entre Sertorio y Pompeyo, con la decadencia del imperio romano y la reorganización del territorio en grandes extensiones rurales dominadas por sus correspondientes mansiones, en el actual término de Fitero hubiesen existido tanto la de Tutelius como la de Orminius.

Tutelius, Orminius y también Carinius
Hipótesis que se vio reforzada al comentarle que hoy en día muchos fiteranos todavía tienen fincas más allá de la fronteriza dehesa de Ormiñén, no ya en la parte de ésta que se extiende por Cintruénigo sino en el cercano término de Tudela conocido como La Cariñena y añadir entonces el profesor Medrano que este topónimo era común en diversas partes de la Hispania romana y que, como en el caso de Tudején y Ormiñén, era también de origen latino, siendo su etimología precisamente la de “propiedad de Carinius”, que, efectivamente, es evidente que no deja de ser otro caso de los que
muestran la propiedad de un nombre propio latino con sufijo femenino –en: Cariniena.

De modo que, gracias a la toponimia romana y a este intercambio de comentarios con quien está haciendo un gran trabajo para recuperar la datos de la antigüedad para historia de Fitero, desde los restos de los primeros asentamientos celtas conocidos en el valle del Alhama hasta la llegada del Islam, hoy en día se puede recuperar la organización territorial de parte de este valle, al menos, en la zona de Fitero, por medio de los topónimos de estas tres mansiones que pertenecieron a los citados ciudadanos romanos Tutelius, Orminius y Carinius.

Serafín Olcoz

 
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