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PEÑAHITERO:
EL PRIMER ASENTAMIENTO HUMANO EN FITERO
Aunque hay restos culturalmente mucho más antiguos en el término municipal
de Fitero, es en Peñahitero donde tenemos constancia clara de un primer asentamiento
estable de población.
Allí se han desarrollado ya dos campañas de excavaciones arqueológicas, en los
años 2004 y 2005, y está prevista una tercera en el año 2006.
En el transcurso de las investigaciones arqueológicas del yacimiento, efectuadas
bajo la dirección científica del fiterano Manuel Medrano y con la dirección técnica de
María Antonia Díaz, profesor e investigadora, respectivamente, de la Universidad de
Zaragoza, y que se desarrollan dentro de un plan plurianual financiado por el
Ayuntamiento de Fitero y el Consorcio EDER (Programa Leader +), se han realizado
bastantes descubrimientos de interés, alguno de ellos de naturaleza histórica
completamente singular por la importancia que tienen para conocer las costumbres, ritos
y mentalidad religiosa de los celtas que se asentaron en Peñahitero.
La fortaleza y la tumba celtas
Los últimos trabajos han puesto de manifiesto que no estamos ante un poblado
de la Edad del Hierro, como es habitual, sino que los restos arqueológicos pertenecen a
una gran residencia fortificada de un jefe tribal o militar (príncipe) celta.
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TumbaMuralla: La muralla de Peñahitero y la habitación de la tumba dentro de
ella |
Es totalmente
seguro que un grupo tribal protocéltico procedente de Centroeuropa se asentó aquí ya
durante la Edad del Bronce Final (siglo VIII a.C.). Estas gentes, que vinieron con sus
mujeres, hijos y propiedades, tenían un sistema social muy jerarquizado y de fuerte
componente guerrero. Se situaron aquí, fortificando de modo notable el cabezo de
Peñahitero, un recinto de 900 m2 muy defendido en el que se está excavando una
muralla de piedra de la que se conservan hasta 3 m. de altura y que tiene 7 m. de espesor
en la zona de la tumba. El hecho de que la muralla sea más estrecha (5’30 m. de
espesor) en las zonas adyacentes, nos hace pensar que el lienzo interior de la muralla
sobresalía intencionadamente en el lugar donde se halla el enterramiento, señalando su
presencia. En las esquinas exteriores de la muralla se encontraban sendos torreones
circulares, de los cuales se ha excavado uno, y delante de ella se colocaban en los
momentos de peligro piedras hincadas en el suelo, con aristas, para evitar que los
enemigos atacasen a la carrera, pues se cortarían los tendones de pies y piernas. Si iban
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más despacio para evitar herirse, podían ser alcanzados por los defensores con armas
arrojadizas (lanzas, piedras, etc.).
El asentamiento se estructuró en, al menos, tres terrazas o planicies: en la más
alta estaba la residencia del príncipe, rodeada por la muralla. La siguiente terraza, al pie
de la muralla, poseyó instalaciones industriales y viviendas, que se han excavado este
año. La tercera, a nivel más bajo que la anterior, está por investigar aunque presenta
restos arqueológicos en superficie.
La casa-tumba: en el interior de la propia muralla y a 1’70 m. de altura del pie
de la misma se ha descubierto que los pobladores celtas construyeron, seguramente
durante el siglo VI a.C. (ya en la Edad del Hierro), una habitación con paredes de piedra
en la que enterraron la cabeza de una persona, de la que se han recuperado la mandíbula
y fragmentos del cráneo. La estancia, rectangular y de unos 10 m2, contenía también la
parte superior de un casco de guerra de hierro (el resto se ha perdido pues sería de
cuero), rematada en un largo apéndice para colocar adornos y penachos. Se le nterró
también con vasijas que se colocaron en el suelo, y con dientes de jabalí oven y cuernos
de ciervo.
En una de las paredes, hay un banco hecho con adobe, y en otra un pequeño
hogar donde quienes le enterraron realizaron una comida funeraria ritual.
Significado del ritual: los celtas creían que el alma y el poder de una persona
residían en la cabeza. Se conocen testimonios arqueológicos de esa creencia, pero
también textos celtas que nos han llegado al haber sido recogidos en escritos redactados
en la Edad Media, especialmente del País de Gales (los textos llamados “Mabinogion”).
La cabeza enterrada en Peñahitero perteneció a una persona ilustre que, por sus
características dentales, murió a avanzada edad. Después, sus paisanos la depositaron en
la estancia dentro del cuerpo de la muralla mirando al Este, con todos los demás objetos,
para que les protegiese de los peligros. El casco confirma el carácter guerrero del
difunto y su naturaleza socialmente destacada, pues eran muy caros en la época (en las
tumbas celtas aparecen armas, pero sólo en contadísimas ocasiones cascos).
En cuanto a
los dientes de jabalí (pertenecientes a animales jóvenes), el jabalí fue una animal
emblemático para los celtas por su coraje y valor, pues ataca incluso estando herido, y
por ello es símbolo de las cualidades de héroes y guerreros. Los huesos de este animal
totémico se han encontrado en tumbas de la cultura celta. La cornamenta de ciervo
representa una simbología también muy clara: los ciervos eran venerados por su
velocidad, su virilidad y sus abultadas cornamentas que evocaban la imagen de señores
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del bosque. El dios celta Cernunnos lleva cornamenta de ciervo y este animal
simbolizaba el alma del héroe perseguido hasta la muerte. Además, en numerosas
tumbas celtas se han encontrado astas de ciervo sobre la cabeza de los muertos, a modo
de protección en el viaje al más allá.
El hecho de que reprodujeran una habitación indica el deseo de que el difunto se
encontrase en el otro mundo como en su casa terrenal, lo que explica el banco para
sentarse y el pequeño hogar, en el que celebraron una comida ritual (pues fue usado y se
hallaron en él huesos de pequeños animales) antes de sellar la tumba con piedras y
adobes.
Cultura centroeuropea: el príncipe allí enterrado vivía dentro de la fortaleza,
dotada de esa muralla con torreones desproporcionada por su altura (debió tener
originalmente 4’5 m. de altura) y anchura para el espacio que protege, salvo si
consideramos que era el centro de poder de un amplio territorio y que las dimensiones
excepcionales de sus defensas constituían un elemento de disuasión y prestigio. Fuera
de la muralla, y pegadas al muro que corre paralelo a ella, se han encontrado estancias
con hornos y hogares, lo que indica que se trata de un área industrial y, quizá, también
de vivienda. El conjunto de la fortificación y las demás áreas construidas ocupa unos
3000 m2. El ritual mágico y funerario es puramente céltico, y no se conocen casos
similares en la Península Ibérica. El casco de hierro es de tipo centroeuropeo y no
peninsular, así como un tipo de cerámicas decoradas con un baño de grafito (llamadas“grafitadas”), que les da un brillo plateado, mucho más frecuentes en Peñahitero que en
los yacimientos de esta época de la península. Todo esto indica que se trata de
poblaciones que migran desde zonas del centro de Europa hasta aquí, donde se asientan
y establecen un fuerte control del territorio y sus riquezas.
Otros datos: Los señores de esta fortaleza protohistórica debieron dominar
sobre un amplio territorio, y controlaban los medios de subsistencia: las excavaciones
de 2004 y 2005 han proporcionado 72 molinos de piedra, cantidad completamente
inusual y muy excesiva, que se explica si se tiene en cuenta que estos príncipes
acumulaban los medios de producción, en este caso de la harina y otros alimentos. A
ello se suma el hallazgo de zonas industriales importantes. Muy probablemente, tenían
también el monopolio de la producción metalúrgica, que incluía la fabricación de armas.
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La villa romana
Siglos después de que se abandonase o destruyese la fortaleza principesca, se
asentó sobre sus restos una casa de campo romana, limitándose los nuevos habitantes a
allanar el terreno y construir sus estancias. Esa villa se levantó a finales del siglo I o
comienzos del II d.C. perdurando, al menos, hasta el siglo V d.C. Gracias a que no
removieron el subsuelo, bajo los restos de esta vivienda de carácter agropecuario se han
conservado, en bastante buen estado, las construcciones y objetos celtas. En concreto, y
aunque es meramente anecdótico, todo apunta a que las estancias romanas que se
encontraban sobre la tumba celta correspondían a las cocinas de la villa. Los muros y
suelos romanos aparecen, pues, encima de los de la Edad del Hierro, por lo que se están
excavando simultáneamente pese a pertenecer a momentos históricos muy diferentes y
cronológicamente alejados.
A unos 250 m. de la villa romana, que pudo llegar a época visigoda, se
encuentras tumbas antropomorfas labradas en la roca natural, donde se enterraron
algunos de los últimos habitantes de esta mansión.
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Escudilla: plato de cerámica, que se encontró bastante completo y con tapadera. |
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Excavación en la zona industrial y de
vivienda al pié del exterior de
la muralla.
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Excavación de la parte interior de la muralla |
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Huesos: mandíbula inferior y dos fragmentos de cráneo
del príncipe celta.
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Pesa: pesa de piedra. Edad del Hierro. |
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Casco: parte superior del casco, de hierro
Edad del Hierro |
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