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Don Miguel de los Santos Díaz y Gómara, es el segundo de los obispos fiteranos bautizados bajo los muros medievales de nuestra vieja abadía.

Nació el 5 de julio de 1885 en Fitero.

En la partida de bautismo del día de San Fermín de 1885 se hace constar que vio la luz el día 5 de julio a las nueve y media de la noche en una casa de la calle Luchana -actual Díaz y Gómara-, siendo hijo legítimo de don León Díaz, escribano del juzgado y de Ángela Gómara. El sacramento se lo administró el coadjutor don Antón Vergara, actuando como padrinos Melitón Hernández y Ángela Gómara. La correspondiente acta de nacimiento del registro civil repite los mismos datos, añadiendo que fue Raimunda Ochoa, ama de parir de Cervera, la que asistió al alumbramiento. En cuanto al origen de sus padres hay que hacer notar que su padre y sus abuelos paternos eran de Igea (Logroño), su madre y su abuelo materno de Fitero y su abuela materna de Oyarzun en Guipúzcoa.

El futuro obispo vio la luz en un pueblo que contaba por aquellas fechas con unos 3.000 habitantes, 548 casas, tres escuelas (niños, niñas y párvulos), un hospital, un casino, tres cafés y un pequeño Liceo; una villa esencialmente agrícola en la que también había molinos aceiteros, fábricas de aceite de linaza, aguardientes, harinas y jabón y en la que vivían de su profesión el farmacéutico, abogado, médico, cirujano y veterinario.

Primeros estudios eclesiásticos
Tras unos años en Fitero recibió los estudios primarios en el Colegio de las Escuelas Pías de Estella a la vez que su padre, culto abogado y secretario judicial, puso especial empeño en enseñarle el Concordato y la Constitución, formación que le seria sustancial en su futuro.

Entre 1896 y 1903 estudió en el Seminario de Pamplona, obteniendo calificaciones máximas. Desde 1903 a 1908 siguió su formación eclesiástica en el Seminario de Zaragoza, cursando cinco años de teología y graduándose de bachiller el 20 de noviembre de 1906, de licenciado el 27 de junio de 1907 y de doctor el 3 de julio de 1908 con la calificación de «Nemine doctorum discrepante» en cada uno de los tres grados.

Formación civil y universitaria
Mientras se formaba en el Seminario de Pamplona cursó, como alumno libre, en el Instituto General y Técnico de Pamplona, desde junio de 1898 a septiembre de 1903, todas las asignaturas del Bachillerato, obteniendo quince sobresalientes y doce matriculas de honor, mereciendo en consecuencia especial mención en el solemne reparto de premios y apertura de curso de los años 1903 y 1904.

Durante su estancia en Zaragoza, entre 1903 y 1907, cursó en la Universidad las asignaturas de preparatorio y de la Facultad de Derecho, obteniendo catorce sobresaliente y tres matriculas de honor en los ejercicios de la licenciatura.

En junio de 1918 se examinó en la Universidad de Madrid de las asignaturas de doctorado, obteniendo sobresalientes y matriculas de honor en todas ellas. En el mismo año defendió su tesis doctoral en la misma Universidad sobre «La inmunidad eclesiástica en España», obteniendo la calificación de sobresaliente.

Sacerdote y obispo
Nuestro ilustre paisano recibió las primeras órdenes en 1907 y 1908, siendo enviado durante un año con altos cargos al Seminario de Belchite. Inmediatamente su prelado lo envió a Roma, en donde estudió tres años de derecho canónico en la Universidad Gregoriana, obteniendo el grado de doctor en Derecho Canónico y en Filosofía Escolástica. En la ciudad santa recibió el diaconado ellO de abril de 1909 y el presbiterado el 18 de junio del mismo mes de manos del secretario de estado de Su Santidad, cardenal Merry del Val. Celebró su primera misa el 21 de julio de 1909.

Ya de vuelta en España, el arzobispo cesaraugustano lo ocupó en diversos cargos docentes y catequísticos, como el de profesor de religión y moral de la Escuela Normal de Zaragoza. En 1912 hizo oposiciones a una canonjía que ganó con gran lucimiento, en 1918 fue nombrado juez pro-sinodal y en 1919 presidente del Real Seminario de San Carlos, ganando gran fama de orador durante su estancia en la ciudad del Ebro.

Toda esta carrera vertiginosa dio el resultado que cabía esperar, ya los 35 años de edad, 25 de estudio y 10 de sacerdote llegó a obispo de la mano del cardenal Soldevila.

Sucesivamente fue obispo de Tágora y auxiliar de la archidiócesis aragonesa (1920-1924), obispo de Osma, como lo había sido siglos antes don Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Cartagena-Murcia, con un período de administrador apostólico de la diócesis barcelonesa. Murió en 1949.

(Ricardo Fernández – Revista Municipal “FITERO-83”)

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